The New Gate Capítulo 39 (parte 1).




Manual




Proyecto: 

La casa del gremio de Black Priestess Shrine, en la isla de Hinomoto.

 

Dentro de Tsuki no Hokora, que se había materializado en un área boscosa dentro de las instalaciones del gremio, Shin narró su pasado.

 

Acerca de los días previos a Dusk of Majesty, cuando este mundo todavía era el juego de la muerte, cuando, incluso por el bien de proteger a personas inocentes, cometió innumerables asesinatos de PK.

 

Tiera inhaló lentamente una profunda bocanada de aire después de escuchar la historia de Shin.

 

Shin: “Es algo en el pasado ahora. ‘Oh, entonces eso es lo que pasó, todo está bien’. Puedes verlo así si quieres”.

 

La sonrisa de Shin no ocultaba ninguna sombra.

 

Todo estaba bien.

 

Con esta convicción en mente, Tiera asintió.

 

Marino: “¿Podría ser que lo que me poseyó antes fue tu antigua novia, Marino?”

 

La noche anterior, Tiera había realizado una danza ritual similar a la danza japonesa de Kagura. El espíritu que se había apoderado de su cuerpo en ese momento albergaba un profundo afecto por Shin.

 

No podría haber muchas personas con sentimientos tan profundos por él.

 

Shin: “Es posible, pero.... No lo sé. Te fuiste antes de que pudiera decirlo.”

 

Mientras hablaba con Tiera sobre su pasado, Shin también se dio cuenta de que podría haber sido Marino.

 

Tiera: “Aah, sinceramente, no aprecio que cosas como esas se hagan a través mi cuerpo”.

 

Tiera probablemente recordó el beso mientras escondía su boca con su mano derecha, sus mejillas se estaban sonrojando un poco.

 

Shin: “Eh... la próxima vez, haré lo posible para esquivarlo”.

 

Incluso si hubiera estado fascinado por algo más, Shin se sintió culpable por haber besado a Tiera en contra de su voluntad.

 

Tiera: “Er, bueno, yo también quiero saber quién fue el que me poseyó, ¿de acuerdo? Entonces, bueno, si vuelve a suceder, está bien priorizar el descubrimiento de quiénes es, ¿sabes?”

 

Dado que era posible que fuera alguien relacionado con el pasado de Shin, Tiera probablemente lo dijo por preocupación. Sus palabras y su comportamiento eran muy contradictorios, pero Shin decidió pensar que ese era su razonamiento.

 

Shin: “Aunque estoy agradecido de escuchar eso, ¿no lo odiarías si sucediera de nuevo?”

Tiera: “¡No tienes que preocuparte! ¡¡Puede suceder también cuando esté haciendo cosas de sacerdotisa! A- además ...”

 

Las palabras de Tiera se detuvieron.

 

Ella juntó sus manos y miró a su alrededor, visiblemente inquieta.

 

Shin: “¿Además?”

Tiera: “Yo, no es nada. Realmente no es nada, así que olvídalo todo”.

 

Tiera murmuró algo, pero al final cortó la conversación sin decir nada con claridad.

 

El sol ya estaba alto en el cielo, lo que indica que era casi mediodía.

 

Tiera sostuvo sus mejillas aún ruborizadas para calmarse y rápidamente dijo que era hora de almorzar, cambiando así el tema por la fuerza.

 

Shin: “Así es, probablemente nos llamaran pronto”.

 

Shin sintió que era mejor no presionar más sobre el asunto, y estuvo de acuerdo con la propuesta de Tiera.

 

Ambos se levantaron de sus sillas y salieron de Tsuki no Hokora. Tiera, que estaba caminando delante de Shin, de repente se dio la vuelta.

 

Tiera: “Gracias por contarme una historia tan dolorosa, Shin”.

Shin: “No tienes de que agradecerme. Bastante aburrido, ¿no?

Tiera: “De ningún modo. Me alegra poder saber más sobre ti”.

 

Tiera respondió con una sonrisa.

 

No se arrepentía de haber aprendido sobre el pasado de Shin. Su expresión lo dijo claramente.

 

Tiera: “En realidad, esa escena de mi pasado que viste... solía verla a menudo en mis sueños”.

Shin: “¿La memoria de tu madre?”

Tiera: “Sí. La vez en que te conocí a ti también sucedió, a veces soñaba con eso. Cada vez que sucedía me daban dolores de cabeza terribles y me deprimía todo el día”.

 

Tiera habló mientras miraba al cielo al caminar hacia la casa del gremio de Black Priestess Shrine. Shin había devuelto a Tsuki no Hokora a su forma comprimida.

 

Tiera: “Pero desde que recibí eso de ti, ya no tuve ese sueño”.

Shin: “¿Eso?”

Tiera: “Tú sabes, esto.”

 

Tiera sacó de su bata la moneda Geyl que Shin le dio cuando se conocieron. La moneda reflejaba la luz del sol y brillaba vívidamente.

 

Tiera: “Me siento en paz cuando sostengo esto. Tal vez porque tu poder mágico está allí”.

 

Shin miró fijamente la moneda y notó que de hecho tenía la misma aura que los objetos dentro de su caja de artículos.

 

Shin: “No se supone que tenga un efecto como ese, pero estoy contento si es útil para ti ... ¿por qué no la convertimos en un colgante? Así no te arriesgaras a perderla”.

 

Tiera guardó la moneda de Geyl en un pequeño bolsillo con cierres metálicos.

 

También era muy valioso en este mundo, después de todo. Shin pensó que mientras más cerca la pudiera mantener, mejor, entonces hizo esa sugerencia.

 

Tiera: “Eso sería una gran ayuda, pero ¿está bien?”

Shin: “Podemos hacerlo en un instante. Después de todo, la forja de metal es mi fuerte”.

Tiera: “Por favor hazlo, entonces”.

 

Shin se detuvo, tomó un lingote de Oricalco de la caja de objetos y, como si estuviese moldeando un trozo de arcilla, rápidamente lo transformó en una cadena. Luego tomó la moneda de Tiera, moldeó el Oricalco alrededor, lo fijó a la cadena y terminó el colgante.

 

Tiera: “Oh, ¿podrías alargar la cadena más, por favor?”

Shin: “¿Más que esto? ¿Cuánto más?”

 

Shin aumentó la longitud de la cadena como Tiera solicitó, a pesar de que sentía que ya era demasiado largo para usar el colgante alrededor del cuello.

 

Shin: “¿Realmente lo quieres tan largo?”

 

Tiera: “Sí, así está bien. La mayoría de la gente pensaría que es falsa, pero las personas con experiencia podrían saber que es real. Necesito la cadena así de larga para que otras personas no puedan ver la moneda. Si está aquí, nadie podrá verla, siempre y cuando no se acerquen a mí, ¿verdad?”

 

Tiera entonces se inclinó un poco hacia adelante y bajó el cuello de su camisa para mostrarle a Shin la posición de la moneda.

 

No importaba cuánto supiera que no estaba bien, la mirada de Shin se enfocó en el escote de Tiera. La moneda de Geyl, unida a la cadena larga, estaba anidada en el medio.

 

Shin: “E-ya veo. Es por eso que la necesitabas de ese largo”.

Tiera: “Sí, lo.... ve-ves? ¡¿Si alguien llega tan cerca, puedo reaccionar, cierto?!

 

Finalmente, dándose cuenta de que la postura que ella había tomado ponía su pecho a la vista, Tiera rápidamente dio un paso atrás. Sus mejillas se pusieron rojas de nuevo.

 

Parecía sacudida y rápidamente miró alrededor para asegurarse de que nadie más los había visto.

 

Tiera: “... ehm, gracias”.

Shin: “Claro, eso no es nada”.

 

Los dos comenzaron a caminar de nuevo. Muy pronto, se encontraron con Schnee y Yuzuha, que también se dirigían a la casa del gremio, y se unieron a ellos.

 

Schnee: “¿Terminaste de hablar con Kuchinashi?”

Shin: “Sí, se los contare a todos cuando estemos con Filma y los demás. Parece que hay nuevos problemas”.

 

Los enemigos de los que Kuchinashi, el maestro del gremio Black Priestess Shrine habló, los Siete pecados capitales, se hacían más poderosos a medida que avanzaba el evento. Su ubicación era actualmente desconocida, pero sería mejor derrotarlos lo antes posible.

 

Pensando que era mejor que The Golden Company investigara su paradero, Shin decidió enviar una tarjeta de mensaje.

 

Cuando el grupo de Shin llegó a la casa del gremio, encontraron a Filma y Shibaid con Oodenta Mitsuyo y Onimaru Kunitsuna, dos de las Cinco Espadas Supremas, que ya estaban sentadas en la mesa.

 

Mitsuyo: “Llegas tarde.”

Shin: “Perdón por la espera, la conversación se alargó más de lo esperado”.

 

Shin se disculpó con la ligeramente irritada Mitsuyo. Ella había dejado que él y Tiera tuvieran tiempo a solas, así que estaba agradecido por eso.

 

Mitsuyo: “Oh enserio.”

Kunitsuna: “Lord Shin, como puedes ver, ella está fingiendo falta de interés, pero Mitsuyo ha estado inquieta todo este tiempo, preguntándose cuándo regresarías”.

 

Kunitsuna, con una sonrisa emocionada en su rostro, parecía como si estuviera disfrutando positivamente mientras hacía su informe.

 

Mitsuyo: “¡¿Oye, Kunitsuna?! ¿¡Qué estás diciendo ahora!?”

Kunitsuna: “¿Dije algo malo? Es raro ver a la orgullosa Mitsuyo tan inquieta después de todo”.

Mitsuyo: “¡¿¡¡¿Por qué tú...?”

 

Kunitsuna probablemente golpeó donde duele. Incluso mirándola, los ojos de Mitsuyo se lanzaron hacia Shin.

 

Shin: “… ¿qué?”

Mitsuyo: “No, nada en absoluto. Comamos, primero que nada”.

 

Mitsuyo parecía estar sonrojada: su mirada no asustaba en absoluto, pero Shin sintió que presionarla más podría resultar peligroso, y decidió dejarla en paz.

 

Shin: “¿Alguno de ustedes tiene planes para el resto del día? Kuchinashi me dijo algo interesante, así que me gustaría que todos lo sepan también”.

 

Shin propuso discutir el asunto de los Siete pecados capitales, a lo que todos los presentes estuvieron de acuerdo.

 

Después de la comida, todo el grupo se reunió en la habitación asignada a Shin.

 

Schnee: “......los Siete pecados capitales, hmm. Claramente no pueden ser ignorados, pero no hay mucho que podamos hacer hasta que sean encontrados, ¿verdad?”

Filma: “Estoy de acuerdo. Hace 500 años, los jugadores usaron tácticas de oleadas y de alguna manera lo lograron. Nuestro grupo ni siquiera tiene 10 miembros, simplemente no tenemos suficiente mano de obra para eso”.

 

Después de escuchar lo que Shin tenía que decir, Schnee y Filma respondieron: la primera con una expresión muy seria, la segunda mientras se encogía de hombros.

 

Cuando Shin dijo que ya había solicitado a la Compañía Dorada que buscara los monstruos, el grupo aceptó esperar una respuesta.

 

Mitsuyo: “Así que hay criaturas como esa en este mundo ...”

 

Mitsuyo parecía impresionada al enterarse de la existencia de tales monstruos, a lo que Shin respondió brillantemente.

 

Shin: “Sin embargo, nunca hemos visto sus formas finales. Considerando el poder de combate de la montaña Fuji, estoy seguro de que todo estará bien mientras no se acumule una manada de ellos en sus formas finales”.

Mitsuyo: “Si las Cinco Espadas Supremas están juntas, se necesitaría un enemigo realmente duro para derrotarnos, sí”.

 

Mitsuyo y las otras Espadas, así como Kagutsuchi de la montaña sagrada Fuji, fueron tratados como monstruos principales en el juego. Debido a esto, tanto sus estadísticas como HP eran mucho más altos que las de los jugadores.

 

Sobrepasaron por mucho los valores máximos de los jugadores que era 9999, por lo que, si luchaban juntos, incluso los jefes de una incursión serían derribados.

 

Ahora que Kunitsuna y Dojigiri Yasutsuna habían regresado, se podía decir que sus defensas eran perfectas.

 

Shin: “Mañana, si no sucede otra cosa, volveremos a Fuji. Cuanto antes vuelvan a estar juntos, mejor, estoy seguro”.

Mitsuyo: “Ah sí.”

 

Shin estaba algo preocupado por la mirada sombría de Mitsuyo, pero cuando terminaron sus negocios, el grupo se separó.

 

Nada más importante sucedió después: después de la cena, Shin balanceaba a [Kakura] en el pequeño jardín donde había encontrado a Tiera la noche anterior. Llevaba una bata de baño prestada por Black Priestess Shrine, para poder ir a bañarse justo después del entrenamiento.

 

Mitsuyo: “Has mejorado un poco más que la última vez que peleamos”.

 

Shin empujó a Kakura hacia el suelo y se volvió hacia la voz. Se estaba enfocando en el entrenamiento, pero había notado que Mitsuyo se acercaba.

 

Shin: “Vaya, si dices eso, significa que valió la pena el esfuerzo”.

 

Mitsuyo salió de las sombras de los pasillos a la luz de la luna. Se había quitado la armadura del pecho y los hombros: ahora solo vestía un atuendo de estilo oriental con minifalda.

 

Mitsuyo: “Volveremos a Fuji mañana, ¿verdad?”

Shin: “Sí, dudo que cualquier otra cosa suceda aquí de todos modos”.

 

El grupo no se había quedado en la casa del gremio después de limpiar la mazmorra porque temían posibles peligros. El miasma en Cadaver Realm se había purificado completamente, por lo que había pocas posibilidades de que surgiera algo nuevo.

 

Mitsuyo: “Ya veo. Si es así ... ¿podría hacerte una última petición?”

Shin: “¿Una petición?”

 

Mitsuyo había venido a hablar con él ella sola, probablemente porque no quería que Schnee y los demás escucharan.

 

Mitsuyo: “Quiero que me uses. Incluso solo si es para practicar tus técnicas o algo así”.

Shin: “¿Quieres decir que solo tendría que balancear la Katana [Oodenta Mitsuyo]?”

Mitsuyo: “Sí, eso sería suficiente.... pero puedes estar seguro, eso no significa que sienta algo por ti”.

 

Mitsuyo probablemente vio los pensamientos de Shin, porque soltó una pequeña risa atribulada.

 

El cuerpo real de Mitsuyo era propiedad de Kagutsuchi, pero el [Oodenta Mitsuyo - Shinuchi] que ella ocupaba actualmente era posesión de Shin, por lo que podía cumplir con su pedido si así lo deseaba.

 

Shin: “Entiendo. No hay problema.”

 

Pensando que había dicho la misma frase al principio del día, Shin tomó a Oodenta Mitsuyo, ahora en forma de Katana, en sus manos. La espada desenvainada brillaba bajo la luz de la luna.

 

Shin ató la funda al cinturón de su bata, se agarró a la empuñadura con ambas manos y tomó una postura.

 

Shin: “¡Cha!”

 

Desde una posición frontal recta, Shin fue hacia arriba en diagonal, diagonal hacia abajo, barrido, luego empuje.

 

Añadió las enseñanzas de Saegusa Karin a las técnicas que había aprendido de cierta persona durante el juego. Sin embargo, lo que aprendió fueron solo los conceptos básicos. Gran parte del estilo de Shin fue autodidacta.

 

El sonido de la Katana cortando el aire y los gritos de Shin resonaban a través del jardín.

 

Por lo tanto, pasaron alrededor de 10 minutos.

 

Mitsuyo, en forma de Katana, no podía hablar, por lo que su voz llegó directamente a la mente de Shin mediante Mind Chat, dio la señal y Shin se detuvo.

 

Mitsuyo: “Es suficiente, gracias”.

 

Mitsuyo, en forma humana, tenía una leve sonrisa en los labios.

 

Shin: “¿Esto significaba algo para ti?”

Mitsuyo: “No hay un significado especial. Te dije que no tengo sentimientos especiales por ti, ¿verdad?”

 

Aun así, parecía que ser empuñada por Shin significaba algo para Mitsuyo, ya que parecía satisfecha.

 

Mitsuyo: “Quería ser esgrimida como una de tus armas, aunque fuera solo una vez. Si hubo algún significado, eso fue todo”.

Shin: “No es que blandir una de las Cinco Espadas Supremas sea desagradable, por supuesto”.

Mitsuyo: “Lo sé. Tienes una poderosa Katana a la que estás apegado, ¿verdad? También soy un arma, así que honestamente estoy un poco celosa de una Katana que es atesorada de esa manera”.

 

Mitsuyo luego regresó a su habitación, diciendo que regresaría.

 

Cuando se quedó solo en el jardín, Shin miró hacia el cielo con sentimientos encontrados en su corazón.

 

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