Haken no Kouki Altina Capítulo 1: La Chica del cabello carmesí y ojos rojos




Manual




Hola a todos, me presento de nuevo con este nuevo proyecto de “Haken no kouki Altina”, hace un tiempo estaba interesado en esta novela, pero es bastante un solo capitulo y me tomo tiempo traducir la novela espero que les guste, si hay algún problema no duden en dejar en los comentarios sus dudas

Sin más preámbulos disfruten el capitulo

Nubes de color plomo se asomaban en el cielo.

 

El cielo era así cuando recibí mi carta de nombramiento que me desterraba a las fronteras- pensó Regis.

 

Su mirada regreso a la tierra, la ciudad que tenía un color similar al del cielo era diferente de la capital. No había esos ladrillos, mármoles y farolas, pero las calles amuralladas le recordaban a una prisión.

 

La ciudad fronteriza Tuonvell a 100 Li (444 km) de la capital y cinco días de viaje en carro a caballo. Las calles estaban oscuras incluso a la luz del día y el viento helado infligía dolor. El clima nublado era normal durante el invierno para un lugar al norte cerca de la frontera, pero se sentía como una señal de su futuro.

 

¿Soy un fracaso? pensó Regis.

 

Había perdido a su señor, estatus y futuro, y fue exiliado a las líneas del frente en el norte.

 

   —Bueno, no es tan malo... La vida no son sólo logros profesionales, de hecho, esto aumentará mi tiempo libre para leer.

 

La campana de la tarde estaba sonando en la iglesia cuando llegó la caravana. La gente de la caravana se separó para buscar el almuerzo. Regis caminó hacia una tienda que no tenía nada que ver con comida. Los escaparates estaban llenos con libros. Las filas de las estanterías se alineaban dentro del edificio construido de piedra. El olor a papel y tinta se detenía en el aire.

 

   —Ah, soy libre si hay libros, y ese lugar será mi casa.

 

Citado desde Cuiller Romeros ‘Burgundly Journals’ – él añadió la cita en silencio dentro de su corazón.

 

Regis afirma ser un entusiasta de los libros, pero en realidad es un bibliófilo.

Buscó apasionadamente en el estante etiquetado “Nuevos lanzamientos”.

Su boca se ensanchó gradualmente debido al pánico.

 

   —Qué, qué está pasando...

   —¿Hmmm? ¿Ocurre algo Sr. Soldado?

 

Preguntó el tendero barbudo detrás del mostrador, dentro de la tienda. La cicatriz en su rostro y su cuerpo musculoso le hacían verse más como a un instructor militar que un empleado de librería.

 

Regis siguió buscando a pesar del aire opresivo.

 

   —No puedo encontrar la nueva versión de Cuiller, o el Conde Ludosel, o el Profesor Illue... ¿Están agotados? Sé que son populares, pero eso es demasiado cruel.

   —Sr. Soldado, ¿ha venido del centro del centro del imperio?

   —Ah, sí, vengo de la capital...

   —Es por eso que no lo sabía, los libros que menciono no se venden en esta ciudad, así que la mayoría de las tiendas no los importan.

   —... ¿Qué dijiste...?

 

Regis sonaba como un hombre atrapado en el desierto ansioso de agua.

Su garganta se secó en un instante.

El comerciante se encogió de hombros, no parecía estar bromeando.

 

   —Esta es una zona de guerra, las historias heroicas y las novelas eróticas es lo que se vende aquí... Ah, ésta es la más vendida en mi tienda.

 

Señaló el título “Cómo escribir tu última voluntad sin arrepentimientos”.

 

¡¡De ninguna manera!! Regis se tomó la cabeza mientras pensaba.

 

   —Espera, espera un minuto... ¿No hay existencias de esos famosos autores? ¿Estoy todavía en Belgaria?, ¿tropecé en un asentamiento bárbaro?

   —Bueno, este fue el territorio de la nación vecina hace 50 años.

   —Uguu... ¿Y qué pasa con este precio? Es 10 veces más caro que en la capital...

 

Regis finalmente había encontrado un libro que quería, pero parecía que estaba a punto de llorar cuando lo alcanzó.

El comerciante barbudo dijo casualmente:

 

   —Bueno, los libros son pesados y los bandidos los están tomando recientemente, se necesita mucho esfuerzo para transportarlos aquí, y la base de clientes es pequeña... Cerca de las fronteras, los libros son un pasatiempo de lujo para la clase alta.

   —¡Por qué está pasando esto!

   —Lo siento por eso…

 

El tendero alcanzó el libro que Regis sostenía.

Regis abrazó el libro en un pánico.

 

   —¡¡Espera, espera, no dije que no lo voy a comprar...!!

   —¿Eh? ¿Es serio? Pareces un soldado joven, es extraño para mí decir esto como vendedor, pero... Perdóname, ¿no te costaría una semana de tu salario?

   —Guu... Esto es el infierno...

 

Regis gimió.

En este momento, el tendero dejó salir un “¿¡Oh!?” y miró hacia la puerta con los ojos bien abiertos.

Regis siguió su mirada y se dio la vuelta.

A la entrada de la tienda había una jovencita de espaldas a la luz.

 

Una muchacha bastante joven con el cabello rojo que parecía como si estuviera ardiendo y ojos color rubí. Parecía tener alrededor de 13 o 14 años. Sus rasgos todavía eran un poco infantiles, pero tenía un encanto que sostenía su mirada, haciéndolo incapaz de apartar tus ojos.

Su dedo índice se tocaba los labios.

 

--- ¿Silencio? ¿Por qué? ¿Qué quiere decir ella?

 

Otros clientes que frecuentaban la librería no tenían nada de especial, pero Regis estaba extrañamente desconcertado.

La joven le acercó la mano y abrió sus labios rosados.

 

   —Hay muchos reclutas que lamentan las condiciones infernales de una zona de guerra después de ser enviados a las líneas del frente, pero creo que eres el primero en hacerlo en una librería.

 

Su voz se sentía tan refrescante como una brisa.

La joven sonrió alegremente.

 

   —¡Finalmente nos reunimos! ¿Eres Regis Auric, oficial administrativo de quinto grado?

   —¿Eh, yo?

   —“¿¡Me equivoco!?

   —No, tienes razón, soy Regis...

   —Genial ~ me preguntaba qué hacer si tenía a la persona equivocada.

 

Su sonrisa de alivio tenía una inocencia digna de su edad.

Las mejillas de Regis se calentaron.

Debido a que la chica frente él era muy hermosa... no, eso ese no era el problema. Se sentía avergonzado y ruborizado cuando una chica que era obviamente más joven que él se dirigía a él por su nombre.

 

   —Err, mi nombre... ¿Cómo lo supiste?

   —Es obvio recordar el nombre de la persona a la que estás recogiendo. Por favor no me mires hacia abajo solo porque soy una niña.

   —No, no, eso no es lo que pienso... Ya veo, estás aquí para recogerme.

 

Regis volvió a mirar a la chica.

Llevaba pantalones y botas de cuero bajo su manto marrón. Un traje común para los conductores de carro.

 

   —¿Vienes de la fortaleza para recogerme, eso significa que eres un soldado?

   —Ara, ¿parezco uno?

   —No... Eso es imposible, ¿eres menor de edad?

   —Sí, acabo de cumplir los 14.

 

En Belgaria, te conviertes en un adulto cuando cumples 15 años. Excluyendo casos extremos, los menores de edad no pueden alistarse en el ejército.

 

   —Ya veo, debes ser un conductor temporal... yo estaba planeando tomar la diligencia pública allí, pero no creí que enviarían a alguien a recogerme, qué privilegio.

   —... ¿Estás feliz?

   —... yo diría que me siento un poco malhumorado de ser llevado para trabajar.

   —Fufu, eres muy sincero.

   —No me gusta mentir.

   —¿Es eso cierto? Pero tú eres…… un estratega ¿cierto?

 

La muchacha lo miró con sus ojos color rubí.

Regis se sintió presionado a hablar por la niña cuatro años más joven que él.

 

   —... Bueno, hay personas que dicen eso... yo era un bibliotecario en la biblioteca militar.

   —Dices cosas interesantes, sigamos con la charla en el carro.

   —De acuerdo...

 

Regis sintió que era difícil respirar y masajeo sus sienes.

La muchacha salió al tiempo que lo apresuraba.

 

   —Vamos, vamos, las nubes se están poniendo más gruesas, probablemente va a nevar.

   —Eso es... ¡Ah, lo olvidé!

 

Regis también se dirigía hacia el exterior, pero de repente recordó el libro que estaba sosteniendo y se dirigió hacia el tendero, poniendo dinero para el libro en el mostrador.

 

   —Voy a comprar este libro... ¿Qué le sucede?, se ve enfermo.

   —No, no es nada, gracias por su compra, Sr. Soldado.

 

El comerciante barbudo se cubrió la boca con la mano y bajó la cabeza por alguna razón. Parecía estar soportando algo.

La muchacha se acercó a Regis con una expresión agria.

 

   —¿¡Eres un idiota!?

   —¿Qué? eso es muy repentino...

   —Los libros son un pasatiempo de lujo en las fronteras, sólo los ricos y los imbéciles gastarían tanto dinero de esa manera.

   —Bueno, no creo ser un hombre inteligente... La sed de conocimiento es el orgullo de la humanidad, ceder a este deseo y la lectura es mi estilo de vida. Sin importar los obstáculos o la falta de fondos, decirme que deje de leer es lo mismo que decirme que renuncie a la vida.

 

Regis cerró la boca después de terminar, sintiéndose avergonzado por ser tan serio con una niña.

La muchacha tenía una expresión inesperadamente seria.

Ella asintió.

 

   —Lo mismo que renunciar a la vida... Es así, entonces lo puedo entender. Yo también...

   —¿Yo también...?

   —¡Nada! ¡Vamos!

   —Ah, bien.

 

Regis guardó el libro bajo su axila, arrastrando su equipaje fuera de la tienda mientras seguía a la chica.

Un pequeño carro tirado por un solo caballo estaba aparcado delante de la tienda.

El caballo de color castaño miró hacia él.

La chica saltó fácilmente al asiento del conductor que estaba a la altura de la cintura del caballo.

 

   —¡Hey, date prisa!

   —Sí... Por cierto, ¿cómo te llamas?

 

Regis miró a la chica y preguntó.

Sus ojos se volvieron afilados y ella habló con un tono bajo lentamente, sílaba por sílaba.

 

   —Te-voy-a-de-jar-a-trás.

 

Regis subió por el asiento del conductor.

 

   —No fue un buen momento para preguntar.

 

*Taratara*--- Las ruedas de madera crujían mientras giraban bajo la carretera. Se dirigían hacia la puerta norte de Tuonvell que estaba protegida por muros de piedra, dirigiéndose hacia la posición más avanzada conocida como el Fuerte Sierck.

 

La chica que sostenía las riendas se sentó en el asiento del conductor. A su derecha estaba Regis y su equipaje. Detrás de ellos había madera y ladrillos cubiertos por una tela.

 

   —--- Entonces, ¿Qué hay sobre mi nombre?

   —Bueno, ¿cómo debería dirigirme a ti?

   —Eso es cierto...

 

La chica sostuvo su mandíbula bien formada con su mano enguantada de cuero y reflexionó.

¿Es algo en lo que se deba pensar? Regis estaba desconcertado.

La muchacha relajó sus tensos labios.

 

   —Sí, puedes llamarme Altina.

   —¿Es un apodo?

 

Preguntó sin pensar demasiado en ello, pero eso fue un error. La chica llamada Altina frunció el ceño.

 

   —... Qué grosero... ¿No es un nombre maravilloso? Estaba pensando en darte el privilegio de usarlo, ¿debería de retractarme?

   —Lo siento, por favor, permíteme referirme a ti como Altina.

   —Bueno, lo permitiré si realmente lo quieres.

   —Realmente lo quiero.

   —Fu~... No eres para nada como un soldado.

   —Jaja, yo pienso lo mismo.

 

Regis sonrió amargamente, al igual que Altina.

Había vastos campos de trigo a cada lado de ellos. Las plántulas estaban creciendo a pesar de ser invierno. El mundo estaba coloreado en la paleta del cielo gris y la tierra color marrón.

 

   —Oye, no has venido aquí voluntariamente, ¿verdad?

   —Mi objetivo desde que me uní al ejército era convertirme en bibliotecario... Para ser honesto, me alisté por problemas financieros... Por cierto, ¿hay una biblioteca en la fortaleza de Sierck?

   —Creo que tu habitación será conocida como una algún día.

   —Ah, ¿aquí no hay dios?

   —... ¿Estás haciendo juegos de palabras con papel (kami) y dios (kami)? Aburrido.

   —Yo-yo-yo no estaba haciendo juegos de palabras.

   —¿Qué fue lo que hiciste en tu última unidad?

   —¿Estás cuestionando mi existencia como soldado?

   —No es eso, ¿te estoy preguntando cómo sacaste la paja más corta y te colocaron en las líneas del frente?

   —Creo que es mi castigo por perder una batalla.

   —¿Y tú lo aceptaste?, eres un joven suboficial, ni siquiera tienes autoridad de mando, ¿no es extraño que te hagas responsable?

 

Regis miró a lo lejos.

El campo estaba lleno de hileras de trigo. Podía ver la cordillera ondulada sobre el horizonte.

 

   —... era un buen hombre.

   —¿Quién?

   —Mi anterior empleador, veras, soy terrible con la esgrima y equitación, el último lugar de toda la academia militar, y el que me empleó fue el marqués Thénezay.

   —Último lugar, pero he oído que nunca has perdido antes en la clase de estrategia militar.

   —Sabes mucho uh, me pregunto quién te dijo eso... Bueno, los rumores no están equivocados... pude subir mis calificaciones gracias a las clases de estrategia militar, pero era algo parecido a jugar al ajedrez.

   —Pero el marqués Thénezay te contrató para que fueras un estratega, no un jugador de ajedrez, ¿verdad?

   —Soy sólo un estratega secundario, sólo tenía 15 años después de graduarme de la academia militar, así que era algo así como un trabajo de aprendiz.

   —Ya sea un estratega secundario o un aprendiz, creo que es increíble ser un estratega a una edad tan corta... ¿Estás insatisfecho?

   —¡De ninguna manera! A decir verdad, creo que el Marqués sólo me empleó por capricho... Pero estoy agradecido por su bondad, incluso ahora.

 

Por eso los ojos de Regis se tornaron acuosos cuando se separó del marqués. Regis apretó su equipaje con fuerza, aplastando su bolsa.

 

   —... El Marqués dijo que me necesitaban, pero... Lo dejé enfrentar su muerte.

 

Su tono era tan bajo que parecía ser la voz de otra persona.

La expresión de Altina se hizo pesada.

 

   —Si lo recuerdo bien, el Marqués Thénezay en esa batalla de verano...

   —Ah…

 

Sabe mucho para un conductor temporal, pensó Regis. ¿Está preocupada por la guerra porque vive en el frente, o es Altina una persona rara? O tal vez hay otras razones.

 

   —¿Lo dejaste para enfrentar su muerte? ¿Qué ocurrió?

   —Es solo mi opinión...

   —Quiero saber tu opinión, no a través de rumores, sino directamente de ti... Hey, ¿puedes decírmelo?

 

Regis lo consideró.

Era un largo viaje largo. No había nada que esconder y se publicó en los periódicos después de las sesiones de la corte militar de todos modos.

 

   —Todo sucedió un día durante ese verano…

 

Regis recordaba claramente las palabras y la expresión de todos, pero no sabía por dónde empezar.

Tomó algún tiempo para organizar sus pensamientos.

 

   —... Durante ese consejo de guerra... el Marqués Thénezay usó las propuestas presentadas por el Táctico en Jefe... Bueno, los detalles menores no son importantes... Luchábamos contra 500 bárbaros con 3000 soldados del imperio. Con la victoria a nuestro alcance, el consejo se enfocó menos en la batalla y más en la charla acerca de qué vino debía acompañar la carne de pato para la cena.

   —¿Entonces estaban en estado de victoria antes de que comenzara la batalla?

   —Es algo común, el ejército del imperio es fuerte... Pero el problema era nuestra falta de planes de contingencia si los salvajes nos flanqueaban y atacaban nuestra retaguardia.

   —¿Los oponentes eran bárbaros, no es una pérdida de tiempo planificar eso?

   —Cierto, es improbable que salvajes indisciplinados puedan ejecutar ese tipo de plan con éxito, así que prefieren enfrentarse de manera directa. Pero según los registros anteriores, hubo casos en los que se realizaron tales ataques furtivos cuando había una enorme disparidad en los números. Era necesario tener cuidado... Lo propuse dos veces, pero el Táctico en Jefe me desechó como cobarde y le sugirió al Marqués que velara por nuestra victoria desde la retaguardia... Algo como eso.

   —Así que fuiste expulsado del cuartel general.

   —Ah…

 

La sesión de la corte militar tuvo un debate similar, y la atmósfera se estaba desplazando hacia el interrogatorio de Regis.

 

¿Debería haberlo propuesto una tercera vez, aunque le gritaran? Eso es lo que pensaba ahora. Si hubiera insistido en su punto de vista, podría haberse defendido en contra del ataque furtivo.

 

Altina murmuró.

 

   —¿Te estás culpando a ti mismo?

   —... Tenía miedo de un castigo más severo que el destierro de la sede... Así que no lo propuse una tercera vez.

   —¿El táctico en jefe era un noble, cierto?

   —Sí, ¿creo que lo era...?

   —Si ese es el caso, no aceptará la propuesta de un plebeyo, por muchas veces que lo intente... el Marqués Thénezay no podría hacer nada si comprometía su estatus de noble.

   —Ah…

 

Regis era un plebeyo no acostumbrado a la aristocracia, por lo que no había tenido en cuenta que el marqués podría dudar en menospreciar al Jefe táctico.

Si sólo hubiera pensado más profundo. Tenía el conocimiento del estatus social de los aristócratas.

Altina lo consoló.

 

   —Por eso no debes culparte a ti mismo.

   —No, ahora que lo mencionas, me doy cuenta de la razón de su comportamiento... Fue mi culpa por pasar por alto las delicadas relaciones entre los nobles... Si me hubiera acercado al Marqués en persona en vez de hacerlo durante el consejo de guerra... Tal vez... ¡¡Tch!!

 

Regis apretó los dientes. Su estómago se sentía pesado y sus ojos se calentaban. Las lágrimas se filtraban en su visión.

Altina repentinamente le llamó con un tono dominante.

 

   —¡Regis Auric!

   —¿Eh?

 

En comparación con el hecho de que su nombre fuera llamado, la fuerza de la voz era más impactante para él. Esto le hizo dudar si esta chica era realmente un simple conductor.

 

   —No seas demasiado duro contigo mismo, has hecho lo mejor, ¿no es así?

   —... Ah, eso es cierto, pero no quiero pensar que el Marqués murió para proteger la reputación de un noble... Pero fui demasiado ingenuo.

 

Pero ahora lo entiendo, pensó Regis.

Altina asintió.

Alzando la mirada, vieron varias sombras blancas bajando desde el cielo.

 

   —Nieve...

 

Ella murmuró.

Regis se encogió de hombros.

 

   —Nevando en mi primer día aquí... Me están dando la bienvenida... jajaja.

   —No ser cuestión de risa si esto se convierte en una tormenta de nieve.

   —Si lo sé.

   —¿Viviste en el norte antes?

   —Leí sobre eso en los libros.

   —... Ah, conque es así... ¡tengo que acelerar, aguanta y no caigas!

 

Altina soltó un sonido que era una mezcla de ira y sorpresa cuando azotó al caballo.

 

Los lobos aullaban desde lejos.

 

¡Awooo!

 

El sonido de las bestias salvajes intimidaba a los viajeros. Era lo mismo para el caballo que tiraba del carro.

El caballo de repente sacudió la cabeza y se desvió del rumbo.

 

   —¡Regresa!

 

Altina sacó las riendas.

El caballo comenzó a vagar.

Regis quedó atónito.

El vagón se deslizó en el camino cubierto de nieve mientras las ruedas perdían tracción. Se inclinó hacia un extremo.

Los ladrillos y la carga de madera que había debajo de la tela cayeron ruidosamente. El ruido se detuvo con un desagradable ruido de madera.

El impacto lanzó a Regis al aire.

 

   —¿¡Uwah!?

   —¡Aguanta!

 

El que gritaba era Regis, mientras Altina le agarraba los hombros y lo sostenía.

Evitaron caerse del carro.

La carreta se detuvo en medio del camino.

El caballo se detuvo y empezó a vagar.

Después de un rato se calmó y miró hacia el asiento del conductor.

 

Cometí un error -- El caballo pareció darse cuenta de eso. Al igual que un niño incómodo que se perdió.

 

Altina saltó del asiento del conductor y acarició la cabeza del caballo.

 

   —¿Estás bien? ¿Dónde te hiciste daño?

 

El caballo resopló en respuesta.

Regis no sabía lo que significaba, pero vio a Altina examinar la pata trasera derecha del caballo.

 

   —¿Está herido?

   —... Puede correr si lo forzamos... pero si su pierna se deteriora más allá de la curación, será sacrificado.

 

Suspiró mientras acariciaba al caballo.

Desató el arnés del caballo para dejarlo reposar, y ató las riendas para evitar que se alejara.

Regis miró hacia el horizonte humeante sobre la llanura nevada.

 

   —¿A qué distancia estamos de la Fortaleza de Sierck?

   —Cerca de 5 Li (22 km) de distancia... Pero es imposible comenzar a caminar.

   —¿Por qué?

   —Porque viene una ventisca, sin luces, la noche será oscura... Si nos desviamos del campo de trigo, no llegaremos a la fortaleza, aunque caminemos hasta el amanecer. Incluso podríamos caer en una zanja.

   —Bueno, tampoco quiero caminar 5 Li con mi equipaje.

   —¿¡Realmente eres un soldado!?

   —Haha, mis calificaciones para marchar con carga fueron terribles. Esto es más entrenamiento de supervivencia que entrenamiento de marcha.

 

Ha~, Altina suspiró mientras presionaba su sien.

Regis inclinó la cabeza.

 

   —¿Ahora qué?

   —¿No es tarea del estratega pensar en una solución?

   —Bueno, mis habilidades de mando han sido elogiadas antes... pero esta situación es más adecuada para soldados, mercaderes o aventureros.

   —¿No eres un soldado?

   —Oh, es cierto.

   —Qué hombre tan sorprendente.

   —Oye, cálmate Altina, los humanos pueden arreglárselas si ponemos nuestras mentes en ello.

   —Cierto... Congelarse a muerte en una tormenta de nieve no es algo que se pueda desear.

   —Qué severa.

   —¿Así que realmente no tienes ideas?

   —Hmmm, claro... Vamos a leer esto.

 

Regis sacó el libro que compró en la ciudad.

 

   —Ah, ¿quieres decir que ese libro puede utilizarse en esta situación?

   —Esta obra describe la vida de un joven que se encuentra con un hada y seis hermosas damas que lo rodean, una novela de fantasía de vida.

   —¿Eres estúpido? ¿¡Este no es el lugar para las historias sin sentido!?

   —Es grosera al descartarlo como un disparate. Discúlpate con el autor.

   —¡Te congelarás como una paleta si esto continúa, no podrás leer más! Aunque el sacerdote leerá algunas escrituras para ti.

   —Por eso... Quiero leer el último libro que compré.

   —¡Estás renunciando demasiado fácilmente!

   —Sólo bromeo. No es bueno entrar en pánico. Tenemos que calmarnos y pensar: subamos al carro, es mucho mejor tener un refugio.

   —... Tienes razón.

 

La cabeza y los hombros de Altina estaban cubiertos de nieve cuando subió al carro.

La madera y los ladrillos se amontonaron por un lado a causa del patinaje del carro de antes.

Regis se sentó en un lugar vacío.

Altina se sentó cerca.

 

   —Es genial que los vientos estén bloqueados.

   —Pero todavía hace frío.

   —No se puede hacer nada, tomaré una ducha caliente cuando lleguemos a la fortaleza. ¡Definitivamente lo haré!

   —Qué lujo para un conductor... ¿Podría ser que estás familiarizada con alguien importante dentro de la fortaleza?

   —Urgh.

 

Altina tartamudeó por razones desconocidas.

¿Estaba cerca de la verdad?

 

   —Bueno, lo averiguaré cuando lleguemos a la fortaleza.

   —Si llegamos a la fortaleza...

 

La nieve y el viento se levantaron. Era una tormenta de nieve.

La brisa era lo suficientemente fuerte para entrar en el carro, haciendo que los hombros de Altina temblaran.

 

   —Ugugu...

 

Regis buscó en sus recuerdos un libro que había leído.

 

   —Como pensé, es mejor no vagar en esta situación...

   —¿Es así?

   —Comparado con gastar energía para moverse, es mejor esperar a que pasen otros carros ¿Cuán preocupados creen que las personas en la fortaleza estarán sobre ti? ¿Se olvidarán de un conductor temporal o hay amigos esperando por ti?

   —Bueno... no creo que se olviden de mí. Ellos deberían estar... preocupados por mí. Probablemente.

   —En ese caso, hay una alta probabilidad de que un grupo de búsqueda llegue antes del anochecer, solo hay un camino entre la fortaleza y la ciudad, nos verán si van a la ciudad, disminuyendo nuestra carga.

   —Ya veo... Tu mente se vuelve bastante rápida.

   —Solo resulta que ya lo sabía.

 

Leí una historia con una situación similar --- Para Regis, eso era todo.

 

   —Lo siguiente es usar objetos que nos ayuden a superar el frío.

   —¡Sí, hay algo!

   —¿Hmmm?

   —Hay una tela sobre el maletero, aunque es bastante pequeña.

 

Altina sacó un pedazo áspero de tela desde debajo de la madera mientras hablaba.

Realmente era pequeño.

 

   —Pero es grueso y cálido, así que úsalo.

   —Gracias... Úsalo, Altina.

   —¿Eh...?

   —Luzco de esta manera, pero todavía soy un soldado, proteger a los ciudadanos es el deber de un soldado, ¿verdad?

   —Eso es sólo una frase.

   —Pero estoy hablando en serio.

   —Fu, qué persona tan interesante, tú... ¿Qué te parece esto?

 

Altina tomó el paño, se sentó a la izquierda de Regis y se apoyó en él.

El brazo derecho de Altina estaba unido al brazo izquierdo de Regis.

 

   —Qu, ¿¡qué!?

   —De esta manera, una pieza de tela puede proporcionar calor a dos personas, ¿verdad?

   —Ah... ya veo, ¿no es así?

 

En comparación con el pedazo de tela, el calor corporal de la joven le hizo más cálido.

Su corazón latía tan fuerte que le sudaba la espalda.

 

Regis se dijo a sí mismo en su corazón --- Tranquilízate. Ella tiene sólo 14. Todavía es una chica menor de edad y es más joven que yo. Ella es muy bonita, pero perder mi cordura porque nuestros brazos están ligados es realmente vergonzoso para un adulto.

 

El rostro de Altina se acercó.

 

   —¿Estás bien? Tu cara está muy roja...

   —No es nada.

   —Ya veo...

 

Regis se calmó.

Sólo podía oír el viento y la respiración de Altina.

 

   —… Regis.

   —¿Eh? ¿Qu, qué?

   —Creo que eres una persona interesante.

   —Haha... no se acerca de eso.

   —Los soldados deben proteger a los civiles, es un lema que se dice a menudo, pero no se sigue, hay más gente que piensa que los soldados son más valiosos.

   —Eso debería ser así... ¿No deberían aquellos que tienen poder proteger a los que no lo tienen? Esa es la razón por la cual los seres humanos forman las sociedades. Al igual que los adultos que protegen a los niños, es lo mismo con los fuertes protegiendo a los débiles. Es el deber de los soldados proteger a los civiles, eso es lo que pienso.

   —Eso significa que los nobles tienen que proteger a los plebeyos, el emperador tiene que proteger a sus ciudadanos, ¿verdad?

   —Ese debe ser el camino, aunque los nobles están luchando guerras sin sentido y perdiendo las vidas y la riqueza de los ciudadanos.

   —La guerra con los bárbaros es necesaria, no podemos iniciar negociaciones de paz con ellos, y seremos masacrados si perdemos en una guerra, ¿verdad?

   —... Es cierto, los bárbaros son aterradores, pero deberían atraer a los bárbaros a una posición donde sea más fácil defenderse y construir muros largos y resistentes si realmente quieren proteger a la nación.

   —¿No pueden escalar las paredes fácilmente?

   —Sería difícil para la caballería y los vagones pasar, por lo que eso será suficiente para disuadir grandes ejércitos.

   —Oh, ya veo... ¿Por qué los generales no hacen eso? ¿No pensaron en eso?

   —Lo que estoy diciendo es de conocimiento tan común como los libros, las personas de las clases latas quieren luchar porque es un negocio para ellos, repeler a los bárbaros les hará ganar prestigio como soldados. Las armas y los alimentos pueden ser vendidos a un precio alto durante la guerra. Las academias militares que entrenan a las tropas son también una fuente de ingresos para los nobles que cargan a la nación en su conjunto, aquellos con autoridad tendrán que ganar...

   —¡Esto es imperdonable!

 

El rostro de Altina se acercó a Regis, casi golpeándolo.

Regis fue rechazado por el aire intimidante de Altina y retrocedió.

Sin embargo, no pudo escapar porque sus brazos estaban unidos.

 

   —Calma, calma Altina... No digo que todos los aristócratas son así, el Marqués Thénezay no actuó de esa manera.

   —... ¿De verdad?

   —Sí, incluso le propuso al emperador que se opusiera a la expansión del territorio del imperio y se concentrara en reforzar la seguridad de la nación, y fue él quien sugirió el plan de construir muros defensivos durante la conferencia de los nobles.

   —¡Es una gran idea, eso debería reducir las bajas y la tasa de pobreza después de una batalla!

 

Los ojos de Altina brillaban por las palabras de Regis.

Los dos se callaron poco después.

Regis vio su peligrosa expresión por un instante.

 

   —... ¿Podría ser este incidente?

   —¿Hmmm? ¿Qué ocurre Altina?

   —No, sólo pensé en algo sin importancia. Es cierto, hay toda clase de gente entre los nobles.

   —Sí, por eso es preocupante si el emperador no los controla bien.

 

Regis dijo con una risa amarga.

El cuerpo de Altina tembló. Regis notó que estaban muy unidos.

 

   —... ¿Crees que el actual emperador... es malo?

   —Si digo que es malo, seré condenado por traición...

 

Quizá ya era demasiado tarde. Pero esto estaba en medio de una tormenta de nieve. Sólo Altina y el caballo estaban escuchando.

Regis comenzó su monólogo.

 

   —El emperador actual ha reinado durante demasiado tiempo. Su cuerpo es demasiado débil para manejar sus deberes administrativos. El primer príncipe debió haberle sucedido hace cinco años. Pero el primer príncipe es enfermizo y débil mientras que el segundo príncipe mostró sus talentos en la política y lo militar. El segundo príncipe tiene un respaldo más fuerte también.

   —Eso se ve complicado.

   —El primer príncipe nació de la segunda concubina, el segundo príncipe nació de la reina, y la reina goza de un estatus superior como noble, lo que dio lugar a sucesivas escaramuzas dentro del imperio. La lucha por la corona entre los príncipes... es la lucha entre sus partidarios, eso provocó la extensión del tiempo en el trono del emperador que a su vez permitió a los nobles a hacer lo que les plazca y que surgiera una ola de corrupción.

   —Hay otros hijos imperiales además de ellos.

   —Bueno, el tercer príncipe es sólo un estudiante de 15 años, es un caballo que probablemente no puede competir contra sus hermanos.

   —Ahí, hay uno más... ¿Verdad?

   —Ah... Hablando de eso, el comandante de la Fortaleza de Sierck es un miembro de la realeza.

   —¡Sí! ¿Qué hay de esa persona?

 

Altina se inclinó de nuevo y Regis se retiró a la derecha. Estaba casi cayendo del carro.

 

   —Sí, La Princesa Gorrión Flechado...

   —¿Qué es eso?

   —Erm, el apodo de la cuarta princesa Marie Quatre, nadie recuerda el nombre completo porque es demasiado largo.

   —Bueno, es bastante largo...

   —Creo su nombre es Marie Quatre Argentina de Belgaria... Puedo recordar la historia en los libros, pero es difícil memorizar un nombre tan largo.

   —No te presiones a ti mismo, por cierto, ¿a qué te refieres con Princesa Gorrión Flechado?”

   —Estaré bajo su cuidado a partir de ahora, será preocupante decir cosas que puedan ser interpretadas como malas palabras... Ese es su apodo en la capital.

   —Entonces, ¿qué significa?

   —Lo que aprendí fue algo que viajo de boca en boca... Bueno, tenemos tiempo suficiente de todos modos, esta es la historia de una pobre princesa que fue forzada a ir a la frontera de la nación.

 

Hace 15 años-

 

Como parte del historial, hablemos de la madre de Marie Quatre.

 

En la capital imperial de Versalles, el emperador organizaba su fiesta de cumpleaños número 50.

 

La orquesta de la corte tocaba vals. Abundantes platillos fueron presentados uno tras otro, los generales compartían sus informes de victorias como regalos. No sólo los nobles poderosos y los magnates famosos estaban aquí, incluso los nobles de clase baja y sus familias fueron invitados, así de magnífica era la fiesta.

 

Entre los campesinos que estaban sentados al final de los asientos había una jovencita impresionantemente hermosa.

Su pelo era tan oscuro como la noche y sus negros como la obsidiana contrastaban con su piel blanca como la nieve, haciéndola parecer aún más blanca.

Increíblemente, el que charlaba con esta muchacha de 16 años era el emperador que dejó su trono y caminó lentamente a través del cuarto.

 

“¿Quieres bailar conmigo, madeimoselle?”

 

De acuerdo con los registros del escribano imperial, Claudette Barthelemy saludó cortésmente y respondió:

 

“Es un placer Monsieur, ¿cómo puedo dirigirme a usted?”

 

En cuanto a por qué ella preguntó el nombre del emperador, había varias teorías. “No lo sabía” parecía demasiado ofensivo. “Ya lo sabía, pero siguió las costumbres de una fiesta” y “es una dama audaz que se atreve a bromear con su majestad” eran las teorías más convincentes.

 

Pero ella era la única que sabía la verdad.

La hermosa muchacha extendió su mano, y el emperador sonrió mientras él tomaba su mano.

 

“Perdóname, soy Liam Fernandi de Belgaria, la gente se dirige a mí como Liam el Quinceavo”.

“Entonces, por favor, llámeme Claudette.”

 

El director de orquesta conocido como el mejor en el imperio agitó su bastón después de un momento de vacilación y la orquesta cobró vida.

 

Esto se conoció comúnmente como el incidente de Claudette.

 

Medio año después,

 

Claudette, que ahora tenía 17, se convirtió en la cuarta concubina del emperador.

 

Su nombre fue cambiado a “Maria Claudette de Belgaria”. Se rumoreaba que se embarazó durante la boda.

La concubina llevó al emperador su cuarto sucesor antes de su cumpleaños número 51. Marie Quatre Argentina de Belgaria.

 

Ella era oficialmente la hija legítima del emperador, pero era considerada una hija ilegítima por las masas.

Cuando Liam el Quinceavo recibió noticias del nacimiento de su cuarto hijo, se decía que había preguntado: “¿Tiene el pelo rojo?”.

 

El primer emperador de Belgaria conocido como “L'Empereur Flamme” (Emperador de la Llama) tenía el pelo carmesí, ojos rojos y un cuerpo fornido. Derrotó a las tribus bárbaras vecinas y sentó las bases para la fundación del imperio.

 

Liam el Quinceavo era igual, era un hombre enorme con el pelo rojo y los ojos carmesí, a pesar de tener un cuerpo frágil.

 

Aunque los tres príncipes tenían los ojos color carmesí, heredaron el color rubio y marrón de sus madres, y tampoco eran enormes. Liam el Quinceavo, no se preocupaba por los asuntos militares y financieros, pero el adelgazamiento de la sangre del primer emperador lo puso triste.

El jefe de la cámara se agitó mientras se inclinaba e informaba:

 

“Su majestad, su cabello es rojo, pero es una niña.”

 

La preocupación de Liam por el niño pareció detenerse en ese momento.

 

Una plebeya se convirtió en concubina y tuvo un hijo en menos de un año. Era una vergüenza insoportable para los nobles sedientos de gloria.

Si el niño de Claudette fuera un niño, podría haber sido asesinado. Los rumores ya se habían extendido, diciendo que “el cuerpo del primer príncipe es frágil por envenenamiento”.

 

Afortunadamente, Marie Quatre nació siendo niña y creció pacíficamente hasta los 13 años.

 

Aprendió sobre las espadas y la política a pesar de que era una niña, sus extrañas acciones se habían convertido en una broma en los tribunales.

Pero cuando se hizo lo suficientemente mayor para entrar en el círculo social, surgió un problema.

 

La belleza de Marie Quatre superaba a la de su madre.

 

En aquella época existía un bardo con cara de miel y con voz de barítono que era muy popular en el mundo social. Este hombre fue invitado a los tribunales por la reina--- cuando pasó en frente de Marie Quatre, el bardo comenzó a cantar alabanzas de su belleza.

 

“¡Oh, qué hermoso día tan bello, este ángel parecido al sol me deja aturdido, tus llamas queman mi alma, el rubí deslumbrante me roba mis palabras y mis aflicciones!”

 

Y, por supuesto, esto enfureció a la reina. El bardo fue expulsado de la corte y desterrado del mundo social.

 

Las cosas no terminaron allí. El hijo de la reina, el segundo príncipe Allen Deux Latreille de Belgaria era un hombre peligroso con una mente tan aguda como la espada. Aunque sólo era el comandante del primer ejército, había estado tomando el mando de todo el ejército desde la edad de 23 años, estando de pie por su anciano padre y su frágil hermano.

 

Latreille le presentó una propuesta al anciano rey.

 

“Si la hermosa princesa comandara al ejército, encenderá la pasión entre las tropas, y sugiero que la princesa se dirija a la zona de guerra del norte.”

“Un plan brillante.”

 

En ese momento, la adoración de Liam por Claudette había desaparecido totalmente.

 

Imperio año 850--

 

El anciano rey se sentó en su trono con los nobles sonriendo fríamente alineados a ambos lados de la alfombra roja.

La cuarta concubina no estaba presente.

Marie Quatre sacudió su cabello carmesí detrás y se arrodilló.

 

“Saludos, su majestad.”

“...”

 

Liam el 15 simplemente asintió con la cabeza.

 

El jefe de la cámara abrió el edicto imperial y lo leyó en nombre del emperador.

 

El requisito de edad para Marie Quatre fue abolido debido a su linaje real, y ella fue nombrada comandante del Regimiento de la Frontera de Beilschmidt.

Entre los aristócratas estallaron risitas.

No había nadie presente que supiera lo que la princesa estaba pensando.

Después de despedir al jefe de los chambelanes, el anciano rey preguntó suavemente:

 

“... ¿Qué te gustaría como regalo de despedida?”

 

Esta era una pregunta tradicional que se hacía cuando un pariente de sangre del emperador dejaba la capital. Según la tradición, la respuesta era «las palabras de vuestra majestad me motivan más que cualquier presente que pueda tomar». Pero...

 

Marie Quatre hinchó el pecho y dijo:

 

“Por favor, concédame la espada de L'Empereur Flamme.”

 

La multitud se volvió turbulenta.

Los nobles lanzaron miradas obvias de desdén.

 

¿No sabes ni siquiera los modales apropiados, mendiga? Alguien insultó.

 

El emperador reflexionó un instante.

 

“... El emperador fundador tiene siete espadas, tú eres mi cuarta hija, así que te concederé la cuarta espada, y cuando regreses a la capital, simplemente devuélvela a la cámara de tesoros.”

 

La cuarta espada--

 

Un soldado blindado llevaba una enorme espada de doble filo.

 

Nombrada como “Grand Tonnerre Quatre”

 

La espada gigante fue hecha según la altura del primer emperador, 26 Pa (192 cm) de largo.

Aunque Marie Quatre era alta para una chica de su edad, la espada era demasiado gruesa y larga, haciendo la diferencia en altura cómica.

La sala de audiencias estaba llena de la despreciable risa de los nobles. Es probable que la princesa se vaya sin tocar la espada-- la mayoría de la gente presente pensó.

 

“Estoy agradecida... tomaré esto prestado... ¡Hya!”

 

Marie Quatre utilizó todas sus fuerzas.

El piso de mármol crujió bajo la presión.

Ella levantó la espada.

Las risas se detuvieron y se convirtió en sorpresa.

La princesa levantó una espada más alta que ella.

 

“... Voy a asumir esta pesada responsabilidad de mi cita.”

 

Se inclinó hacia el anciano emperador.

Miró al segundo príncipe que tenía la cara de piedra y la mirada de odio de la reina.

Sólo Marie Quatre sabía lo que estaba pensando, el mundo sólo podía adivinar.

Se giró y dejó atrás la silenciosa sala de audiencias.

 

   —Bueno, esa es la esencia de la historia.

 

La ventisca agitaba el carro.

 

Altina preguntó después de que Regis terminara.

 

   —Espera un minuto.

   —¿Hmm?

   —¿De dónde ha salido el apodo de Princesa Gorrión Flechado?”

   —Ah, la princesa no llevaba la espada en la cintura.

   —¿Y eso que? No hay otra manera, la espada es demasiado larga, la arrastraría por el suelo si está colgada en la espalda.

   —¿Altina la has visto alguna vez?... ¿La princesa lleva su espada de esa manera en la fortaleza de Sierck?

   —¿Eh? Bueno, sí... La he visto antes.

   —Cuando los soldados y los campesinos ven a la pequeña Marie Quatre usar la espada de esa manera, piensan que parece un gorrión flechado.

   —¿¡Qué!?

 

Altina abrió los ojos, aturdida.

 

   —Es difícil embellecer su imagen ahora. No ha hecho ninguna aparición en público y no tiene logros famosos. Todo el mundo ha atado el apodo ‘Princesa Gorrión Flechado’ a ella. Ha estado fuera en las líneas del frente así que nunca la he visto.

   —Gugugu...

   —Estás bien, tus hombros están temblando... ¿Hace frío?

   —¡No es eso, no tengo ninguna razón para quejarme, pero no se puede evitar!

   —Por favor, mantenlo en secreto para ella. Será difícil vivir aquí si ella me odia.

   —Puedes relajarte, no es lo bastante tonta como para odiar a la persona que dice un rumor.

 

Regis se encogió de hombros.

 

   —Eso será genial... Oh sí, ¿tienes hambre? ¿No has almorzado todavía ¿cierto?

   —¿Qué es lo que tienes?

   —Dejé un poco de pan para comer mientras leía.

 

Regis abrió su bolsa, movió la espada y sacó el pan tostado.

Aunque prefiero un poco de leche caliente ahora mismo.

 

   —¿Lo vas a compartir conmigo?

   —Te dije mis principios, pero no te obligaré.

   —... Quiero un poco.

 

Regis sonrió al cortar el pan por la mitad y le dio una a Altina.

 

   —Aquí.

   —Gracias... Hay diferentes tipos de sonrisas.

 

Altina murmuró mientras miraba el pan.

 

Después de terminar el pan duro, Regis preguntó.

 

   —¿Dijiste algo?

   —... He visto sonrisas más frías.

   —Hmmm ~ ¿Dónde las viste?”

   —La corte imperial.

 

Nom, Altina tomó un bocado del pan.

El caballo repentinamente lanzó un suspiro.

Era un vecino urgente pidiendo ayuda.

Ambos miraron hacia la dirección del asiento del conductor.

 

   —Es algo...

   —¡Eso!

 

Altina apuntó con el dedo. Al frente de la carreta, donde las patas delanteras del caballo estaban apuntando.

Había cinco sombras en la ventisca.

La luz negra brillaba en sus ojos dorados.

Había cinco bocas de color sangre.

Regis sintió como si un demonio estuviera agarrando su corazón.

 

   —... Lobos.

   —Lobos grises”.

   —Fuego... Tenemos que lanzar antorchas hacia ellos, ¿¡Ah, tienes alguna lata de yesca!?

   —Tranquilo Regis, no hay manera de que yo tenga una.

   —Ugh... Tienes razón.

   —El caballo estará en peligro si esto continúa.

   —Después de eso seremos nosotros... Ugugu... ¡¡Tch!!

 

Regis se retiró al maletero cerca del refugio.

Cogió la espada y saltó desde la parte trasera del carro.

Altina entrecerró los ojos y suspiró.

 

   —Bueno, aunque dice que protegerá a los ciudadanos...

 

No importaba que tan buenas fueran las palabras que dijo, era un asunto diferente cuando su vida estaba en juego. Altina lo sabía.

¿Él es igual? Pensó Altina.

Pero Regis se dirigió al frente de la carreta.

No huyó.

Levantó la espada y se enfrentó al lobo más grande.

 

   —¡Uguguggu!

   —Qué, ¿qué estás haciendo? ¡Incluso un caballero tendrá una dura pelea cuando enfrente a los lobos grises!

   —¡Lo sé, por eso estoy haciendo esto!

 

Las manos de Regis no temblaban por el frío.

Su postura era la de un novato.

No, peor que eso.

Su espalda estaba encorvada y no había poder en sus caderas, parecía que iba a girar y correr en cualquier momento.

Incluso un niño jugando tendría una postura más recta.

Altina se agarró la cabeza con los brazos.

 

   —¿¡Puedes ganar de esta manera!?

   —Haha... No es nada de lo que estar orgulloso, pero nunca he ganado en un combate de espadas antes.

   —Eso realmente no es nada de lo que estar orgulloso.

   —Escapa, Altina... Toma el caballo y oblígalo a correr, vamos a ser comida para los lobos si esto continúa...

   —¿Estás hablando en serio? ¡Morirás!

 

Un grito lleno de tristeza.

Regis sonrió.

No era una sonrisa para aliviar a Altina, o porque tenía algo bajo la manga. Fue una sonrisa que vino naturalmente.

Incluso Regis no entendía por qué.

 

   —Aun así... La muerte es más agradable que vivir una vida retorcida.

   —¡Ah!

 

Altina jadeó.

 

Incluso Regis pensó que era raro. ¿Por qué estaba sonriendo? ¿Se burlaba de su egoísmo? No, eso era demasiado negativo. Sólo se marca como una victoria el mantenerse fiel a los principios de uno a pesar de la grave situación.

 

   —Incluso yo podría comprar algo de tiempo: los lobos no atacarán fácilmente cuando se enfrenten a enemigos que se acercan a ellos en vez de correr, medirán la fuerza del oponente y sólo se acercarán cuando estén seguros de su victoria... ¿Ah, ¿eh? ¿¡Creo que se me están acercando!?

   —Así es, tu postura parece muy débil.

 

La voz de Altina sonaba alegre por alguna razón. Era como si estuviera sonriendo.

El lobo más grande se acercó.

Abrió la boca llena de afilados colmillos y gruñó.

Aunque la distancia aún estaba lejos, Regis sacudió su espada para intimidar a los lobos.

 

   —¡¡Hah, hee!!

 

Se inclinó hacia un lado por la pesada espada.

La punta de la espada golpeó el suelo.

Se hizo un ruido. La empuñadura de la espada golpeó la rodilla izquierda de Regis.

 

   —~~~ ¿¡ugh!?

   —Gracias Regis, has protegido con éxito a un ciudadano, protegiste a la conductora Altina.

   —¿Eh?

 

Regis giró la cabeza al escuchar el tono alegre.

 

Los ojos carmesíes de Altina brillaban.

Sacó algo plateado del maletero. Brillaba intensamente incluso en la oscuridad de la ventisca.

Empujando los ladrillos y la madera lejos, la chica sacó el objeto escondido debajo con su brazo delgado.

Un ruido de traqueteo pudo ser oído.

Algo asombroso e increíble estaba sucediendo.

Era pesado, ancho, grueso y enorme.

Tomó un cierto tiempo para notar qué era el ese objeto debido a su gran tamaño.

El carro apenas ocultó su completa longitud. Un trozo de metal demasiado pesado para los humanos.

Poniendo su tamaño colosal a un lado, se había pulido y no tenía manchas.

El cuerpo de la hoja era como un espejo.

Los labios de Regis temblaban.

 

   —... Grand Tonnerre Quatre.

 

Altina sostenía la espada de los reyes en su mano derecha. La capa que llevaba estaba revoloteando en el viento como la capa de un gobernante. Su rojizo cabello flameante le llegaba hasta la espalda con su mano izquierda.

 

   —Es hora de que yo te proteja, Regis.

   —¿¡Que...!?

   —¿Esta espada sólo es una flecha sobredimensionada flechada a un gorrión, o es una hoja manejada por un rey?

 

Las piernas de Altina se hundieron en la nieve.

Pateó la nieve y avanzó.

La espada en su mano aulló mientras rodaba por el aire.

 

   —¡¡¡Hahh ~~~ !!!

 

Ella la balanceó.

Rompiendo la tierra.

La nieve en el suelo voló al aire.

En lugar de una hoja, esto estaba más cerca de ser un golpe directo de cañón, pensó Regis.

Podía sentir los temblores en el suelo.

Los lobos grises probablemente retrocederían.

 

-- Mi conjetura era correcta.

 

Lo único que soplaba era la nieve, los lobos grises se habían retirado a una distancia segura y habían escapado de una muerte segura.

Altina sacó el pan de su pecho y lo arrojó a los lobos.

 

   —¡Hee!

 

El pan se fue con el viento y cayó ante los lobos.

 

   —¡Esto es para ti! ¡Date prisa y vete a casa!

 

El lobo olfateó el pan, lo comió y huyó.

Desaparecieron en la blanca niebla de la ventisca.

Regis relajó su tensa cintura y se derrumbó.

Altina metió la espada en el suelo y lo miró.

 

   —¿Estás lastimado?

   —Huff, huff... Me duele la rodilla izquierda.

   —¿No lo golpeaste con tu propia espada?

   —Estaba como en un sueño en ese entonces, así que no recuerdo.

 

Altina sonrió torpemente.

Regis se rascó la cabeza.

 

   —Estoy impresionado Al... No... Su Alteza Real, Marie Quatre Argentina de Belgaria, Cuarta Princesa Real... ¿Cierto, Su Alteza?

   —¿No es demasiado tarde para esto?

   —Hah, eres mala.

 

Todo lo que Regis podía hacer era suspirar.

Altina estaba sonriendo después de haber tenido éxito en su plan.

 

   —¿De verdad no lo notaste?

   —Bueno, me di cuenta de tu cabello y ojos rojos, pero Altina parecía un apodo demasiado largo para Argentina.

   —Así es como mi madre me llama.

   —Argentina es el nombre de la patria de Claudette Barthelemy y Altina es el apodo de ese lugar...

   —¿Por qué no lo notaste si lo sabías?

   —Era demasiado absurdo, así que lo descarté en mi cabeza. El comandante de la unidad a la que fui transferido es la Cuarta Princesa Real. Que la princesa viniera a recogerme en un disfraz de un conductor de carro es algo bastante risible.

   —Pensé que te encontraría en la librería y estaba nerviosa por un tiempo.

   —Ahora entiendo el comportamiento sospechoso del comerciante. ¿Siempre estás haciendo cosas como esta?

   —No, si continúo haciendo esto, los rumores de una princesa estúpida se extenderán.

   —... Estábamos en la ciudad antes, ya se habrá difundido la noticia... ¿Servicio de Entrega de la Princesa?

   —Eso suena mejor que Princesa Gorrión Flechado.”

 

Estaba seriamente preocupada por esto.

Regis inclinó la cabeza.

 

   —Dijiste que no siempre haces cosas así... ¿Por qué yo? ¿Tienes algún rencor contra mí?

   —¿Rencor?

   —No importa lo positivo que se intente ver esto, he despreciado al emperador, dejando de lado mis modales hacia tu yo disfrazado, criticar al emperador es un crimen grave.

   —¿Por qué lo dijiste si supieras que era un crimen?

   —Tales conversaciones no son más que un saludo entre los plebeyos.

 

Hmm, Altina puso sus manos en sus caderas y frunció el ceño.

Después de calmarse, la situación se estaba deteriorando. La tormenta seguía cayendo mientras la temperatura caía después de que el sol se había puesto.

 

   —No quiero que entiendas mal, no tengo rencor contra ti y no tengo ninguna intención de acusarte de críticas contra el emperador.

   —¿Entonces por qué?

   —Porque oí un rumor de que eras un estratega capaz.

   —¿Estás hablando de mí? Creo que eso es exagerado.

   —Creo que hay una posibilidad... Necesito la ayuda de hombres capaces... No sólo capaces, sino también aquellos que tienen los valores y principios correctos. Necesitaba investigar más.

   —¿Por eso te disfrazaste de conductor?

   —Hay cosas que no se dirán frente a la realeza, quería escuchar tus verdaderos pensamientos, Regis Auric.

   —Lo único que descubriste hoy es que no tengo pasión por los asuntos militares.

   —Tu esgrima también.

 

Dijo Altina mientras Regis se rascaba la cabeza.

De repente, miró a lo lejos.

 

   —Ah... Parece que tu deducción era correcta.

   —¿Qué?

 

Altina escuchó atentamente.

Regis siguió su ejemplo.

 

Poco después---

 

Los sonidos de los cascos de los caballos que corrían por el camino cubierto de nieve podían ser escuchados.

Ella estaba hablando conmigo justo antes, su oído es genial. Regis estaba impresionado.

 

   —... Ah, pero ¿podrían ser bandidos o bárbaros?

   —Puedo oír armadura metálica, así que no son ellos.

   —¿Puedes oír eso también?

 

Mientras hablaba, cinco jinetes aparecieron desde la dirección de la ventisca.

Los caballeros blindados desmontaron ante Altina.

Se arrodillaron.

 

   —¡¡Princesa, estás bien!!

 

Un hombre calvo de mediana edad con barba negra preguntó.

Altina asintió.

 

   —Gracias por recogerme, estoy bien... Pero el caballo está herido.

   —¡Entiendo! ¡Haré que mi caballo tire del carro!

   —Sí, te lo dejaré a ti.

 

El carro tirado por caballo estuvo de vuelta en acción después de sustituir al caballo.

El caballo lesionado fue guiado hacia atrás con sus riendas.

Dos soldados levantaron la espada de Altina y la llevaron al compartimento de carga.

Después de mirar a los soldados que llevaban a cabo su tarea, Altina caminó hacia Regis.

Su mano blanca alcanzó a quien se había sentado del cansancio.

 

   —Ven, hora de irnos.

   —Eh... ¿Su Alteza?

   —Olvídalo, es demasiado tarde para que te dirijas a mí de esa manera.

   —No, eso es porque pensé que eras un conductor en ese entonces...

   —Eso empeorara mi estado de ánimo, dijiste que me llamarías por mi apodo antes, ¿estabas mintiendo?

   —Eh...

 

Es porque te disfrazaste de conductor de carro. Pero Regis no podía decir eso.

La espalda de Regis estaba bañada en sudor frío.

Pensó que era malo ser desterrado a las regiones fronterizas. Pero podría haber llegado a un lugar increíble.

Levantó la cabeza y miró hacia el cielo.

Regis extendió la mano hacia él.

 

   —... Creo que soy alguien que puede leer bien el estado de ánimo... ¿Pero está realmente bien, Altina?

   —¡Por supuesto!

 

Su voz estaba llena de energía mientras hablaba.

 

   —Bienvenido a mi regimiento de la frontera. ¡Te haré trabajar muy duro, Regis Auric!